Mentiras de candidatos pretenden desacreditar a las elecciones de mañana

De sábado a sábado

Remberto Cárdenas*

En la campaña electoral impulsada por los candidatos al Palacio de Gobierno y a la Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP) se ha confirmado, otra vez, la afirmación de un estudioso francés cuando dice que la publicidad comercial y la propaganda política tienen una considerable dosis de mentiras. Éstas, de distinto calibre, han sido reproducidas casi siempre de manera pasiva por los medios de difusión, los que en vez de analizar la noticia y/o facilitar la comunicación (como diálogo y participación) lo que hicieron, en casi todos los casos, fue propagar e incluso amplificar la palabra de los mentirosos. Mentiras que, también en casos diversos, sustituyeron a los argumentos en un debate que no fue, a pesar de los reclamos de opositores al gobierno.

“Si yo voy a ser el próximo Presidente de Bolivia, ¿cómo es que puedo viajar en esta época?”, dijo en el cierre de su campaña el ex Alcalde y ex Prefecto de Cochabamba. Asimismo, voceros de esa candidatura, pidieron a Dios y al pueblo que les permitan una segunda vuelta electoral. Otros de la misma camada dieron por segura una segunda confrontación con Evo Morales en la que, sueñan, que con un apoyo que también imaginan, elegirán a sus candidatos. El principal de éstos incluso aseguró que liberará a su candidato a la Vicepresidencia de la República, ahora cautivo preventivamente en el Penal de San Pedro de La Paz, acusado de ser autor intelectual número uno de la masacre de Porvenir (11-IX-08). Otra mentira de un candidato a legislador por el Plan Progreso para Bolivia (PPB) fue que el Presidente, que postula a la reelección, tiene asegurados un millón de votos, capturados el momento de la inscripción de los ciudadanos. El MAS ha gastado 50 millones de dólares en su campaña, dinero del Tesoro General de la Nación, es otra falsedad propalada con insistencia.

Lo menos que debemos hacer es preguntarnos hacia dónde apuntan esas falacias: se trata de palabras destinadas a reafirmar a seguidores suyos o esos “jefes” tratan de encontrar autocomplacencia.

Lo más probable, de acuerdo a lo que dicen, es que ante la elección de Evo Morales en la primera vuelta y posiblemente con dos tercios y más, culpen de fraude, por ejemplo, a la Corte Nacional Electoral (CNE) y al MAS o a ambos, sobre todo si encuentran mesas receptoras en las que los votos (todos o casi todos) sean para Evo, por decisión colectiva de los comunarios, como ya lo hicieron en ocasiones anteriores.

De acuerdo a las tendencias expresadas por las encuestas (incluidas las más favorables a la oposición) el actual Presidente será reelegido con más del 54 por ciento, aunque el diario El Deber informó que, según la proyección de esas muestras, Evo ganará con el 60 por ciento.

Los políticos de viejo cuño, formados durante el ejercicio de las dictaduras militares y fascistas, al menos buscan desacreditar al registro biométrico (con la inesperada “ayuda” de los vocales de la CNE) y a la consulta ciudadana de mañana.

Aquellas mentiras, por tanto, están destinadas a cumplir un papel contrario a la democracia vigente, la que todavía no es plenamente de las mayorías bolivianas. Sin embargo, una de las prácticas de tal democracia es que los perdedores, en una consulta electoral, tienen que reconocer los resultados por más desfavorables que sean para ellos.

Los aspirantes a cargos públicos de primera importancia, que dicen que pondrán a Bolivia a trabajar, tal vez porque carecen de imaginación sus mentiras, aunque grises, encontraron espacio en los medios. Aseguraron que desplegarán recursos materiales y humanos para conseguir productos ecológicos, cuando el capitalismo dependiente y atrasado que defienden y quieren reflotar, además de que es depredador por excelencia, es la forma de producir bienes y servicios que, básicamente, ha provocado el gigantesco desastre ecológico que enfrentamos en el país y en el mundo.

El que tiene el monopolio de la producción del cemento en estas tierras, ahora candidato a la Presidencia de Bolivia, asegura que su principal contendor y cuya victoria está asegurada, no tiene programa, no obstante de que sabe que es portador de uno en el que predominan las reformas avanzadas, pero que tienen un filo liberador, un elemento (y no es el único) por el que el pueblo votará sin extravíos.

Ese mismo empresario ha repetido que el actual Presidente tiene la culpa de la confrontación y de que ésta se agudice. Claro, más lucidez no se le puede pedir a ese patrón porque sus intereses mezquinos se lo impiden: la unidad y la lucha de él con sus dependientes en las fábricas de cemento, ocurren todos los días y lo frecuente es que debido a la lucha por mejores salarios, por ejemplo, haya fricciones en talas fábricas. Esas contradicciones, a las que se suman muchas otras, son las que transcurren en Bolivia como lucha de clases en los ámbitos económico, político, ideológico e incluso cultural. Esa lucha de clases —aunque algunos la ignoren— se acentúa cuando ocurren cambios como ahora, los que principalmente son posibles precisamente porque tiene lugar aquella lucha de clases (y de pueblos indígenas) en Bolivia, más allá de los deseos de los actores de esa contienda.

A propósito del programa, cabe aquí una digresión que pedimos se nos permita: un uruguayo experto en marketing político hace poco dijo, aquí en La Paz, que en Latinoamérica, sensiblemente, son pocos los electores que deciden su apoyo a un candidato por aquella lista de tareas y por la cantidad de libros y otros escritos de los que participan de una lid electoral. Además, entre nosotros es más o menos conocida la práctica de partidos políticos como la del MNR que una vez se apropió del programa de los universitarios de la generación autonomista de 1928 del siglo pasado y por tanto de la izquierda de entonces y, por segunda vez, se adueñó del contenido esencial del D.S. 21060, elaborado por un economista perteneciente al banzerismo, cuya paternidad fue reclamada por él. Recordemos, asimismo, que el “Plan de Todos” de los movimientistas fue cambiado para la enajenación del patrimonio de los bolivianos, luego de que se votó por aquél en elecciones generales.

Sensiblemente el programa de gobierno, entre nosotros, es un listado de tareas que casi nunca se cumplen, sobre todo cuando la oferta a los electores las hacen los partidos y candidatos que pertenecen al viejo sistema que en Bolivia, a pesar de todo, también se altera.

Se podrá pedir, de nuestra parte, que esa afirmación la extendamos al programa de Evo Morales. Respondemos que la mayoría de los más sencillos y postergados durante prolongado tiempo asumen como programa las realizaciones del país de estos casi cuatro últimos años.

Más mentiras: Un dirigente campesino, al tiempo de anunciar sorpresas, suelto de cuerpo, afirmó que recibirá el respaldo de un millón de electores. Eso ha dicho, aquel dirigente que entra y sale de combinaciones o mezclas políticas y orgánicas, pese a que las encuestas (que para algo sirven) se encargan de avisar que ese candidato cochabambino ni siquiera se salvará de la multa que, según él, no pagará y que preferirá ir a la cárcel.

Otra candidata que cree que nos interpeló sólo con presentarse como la “única” mujer candidata a la Presidencia de Bolivia, señaló que recibirá el respaldo del 30 por ciento de los electores. Que esperemos ese caudal electoral en su favor porque ella percibe que así será. Y esa es una mentira presentada como verdad.

El ex alcalde potosino, que postula a un evangelista a la vicepresidencia y quizá por eso, fue uno de los que más apeló a Dios en su campaña electoral, propuso que se reponga la Biblia en la futuro parlamento y en el Palacio de Gobierno para los juramentos de posesión en los cargos públicos que correspondan. Varias veces el ex Alcalde ha dicho que las masas lo respaldan y que éstas cerraron su campaña en La Paz, cuando los asistentes a ese acto no llegaron a 200 personas.

Creemos que también será mentira si los responsables de la campaña del oficialismo callan el monto y la procedencia del dinero que utilizaron en su propaganda política. Han prometido hacerlo luego de mañana domingo 6. Callar es lo mismo que mentir, decía Luis Espinal, el cura y periodista del pueblo, por lo que consideramos que es infinitamente preferible que los bolivianos recibamos una rendición de cuentas de los gobernantes actuales, a eso tenemos derecho, en vez de que aquéllos guarden silencio.

La vieja política que se empaña en sobrevivir, que incluso busca acabar con los cambios a los que se opone de manera sistemática, tiene como técnica la mentira y sin reparos para hacerlo al estilo de los nazis y, en particular, del encargado de la propaganda de Hitler: aconsejan mentir porque de tanto ser repetida una mentira se “transforma” en verdad.

Empero, sabemos que la práctica es la que demuestra qué es verdad y qué es mentira del discurso de un político en campaña electoral. Mañana la decisión será de los electores y, en particular, del pueblo boliviano. A partir de esos resultados será más fácil evidenciar las mentiras a las que se refiere esta nota.

Y así como los electores defendieron su derecho al sufragio, cuando desatinadamente los miembros de la CNE observaron a más de 400.000 compatriotas, los bolivianos debemos concurrir masivamente a votar, y que todos lo hagan por los candidatos de su preferencia. Nosotros proponemos que votemos por Evo Morales y toda su candidatura, así como estamos convocados a defender los resultados de mañana 6, especialmente ahora que la derecha habla de un fraude, otra mentira, sólo para explicar su derrota que se espera sea ruidosa.

Paz, 5 de diciembre de 2009.

*Periodista