Evitemos el voto cruzado y busquemos que Evo gane con dos tercios el 6 de diciembre

De sábado a sábado

Remberto Cárdenas*

Entre actores y analistas de la política que militan en la izquierda, en el centro y en la derecha hay una coincidencia que debe preocuparnos: unos y otros afirman que si Evo Morales gana con dos tercios de los votos, el próximo 6 de diciembre, se habrá configurado un escenario en el que aumentarán las “tentaciones” autoritarias de los gobernantes y que en la futura Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP) no habrá debate, lo que será antidemocrático.

Especialmente desde la derecha (sin excluir a masistas despistados) se busca el voto cruzado, es decir, que aquellos probables dos tercios voten por el Presidente de la República para su reelección y que lo hagan por un candidato a diputado plurinacional distinto del oficialismo o que la casilla para votar por estos últimos se la deje en blanco. Así pretenden que los dos tercios en la votación no se materialicen entre los diputados de la futura ALP.

Para inducir a ese tipo de votación, en la mayoría de los medios de difusión (ayudados por las campañas de la derecha), de nuevo se impone la censura, se autocensuran, dicen medias verdades, manipulan y hasta matan a la verdad o lo intentan.

Veamos algunos ejemplos que evidencian aquella afirmación: el diario La Razón de La Paz (19-XI-09) se animó a informar o desinformar, mejor dicho, de que Evo Morales entre septiembre y octubre mermó en dos puntos la posible votación que recibirá el día de las elecciones. Según aquel dato, el único candidato que perdió posibles electores (entre los otros tres que esperan ser más votados) es el Presidente de Bolivia.

Uno de los voceros de la candidatura, con antecedentes de veras dictatoriales y por tanto antidemocrática, sin ruborizarse, reiteró que la que recibe respaldo ciudadano creciente es la que él respalda. También dijo que esa candidatura no necesita hacer campaña electoral porque ésta la realiza el gobierno (para aquélla). Esta es una verdad a medias o una mentira porque se quejan casi todos los días de que el ex Prefecto de Pando, ahora candidato a la vicepresidencia del país, supuestamente, no puede declarar ante los medios de difusión lo que, según ellos, es un recorte del derecho a la libre expresión. Nosotros en más de una ocasión hemos dicho que el único derecho que no ejerce aquel candidato, detenido preventivamente en el Penal de San Pedro, es el de la libre locomoción. Sus derechos políticos y el de la libertad de expresión, en particular, los ejerce mucho más que otros candidatos, si se permite la comparación.

Otra mentira, que quizá busca autoalentar a ciertos postulantes al Palacio Quemado, es lo que dijo la “única mujer” candidata a la Presidencia de Bolivia: que ella recibirá el 30 por ciento de los votos, casi el tercio de aquéllos, aunque las encuestas (siempre dudosas) dan cuenta de que ni siquiera el 1 por ciento de los electores responde que votará por aquella candidata.

El dirigente campesino, candidato de Pulso, nos quiere convencer con que dará sorpresas electorales (sobre todo en el agro) y que nos preparemos para conocerlas. Aquél dirigente de comportamiento errático (se une y se retira de alianzas variopintas) tampoco llega al 1 por ciento en las preferencias electorales. Acaso una de las sorpresas para él será que pagará la multa porque no conseguirá el mínimo de votos para evitarla, según las normas.

La segunda vuelta electoral que se sugiere desde algunos flancos, además de ser un aviso poco serio, es un sueño irrealizable. El ex Prefecto de Pando dijo que su candidatura trata de forzar aquella segunda vuelta, incluso para un diario chileno y a renglón seguido se quejó porque se le impide acceder a los medios de difusión. Esa es otra mentira de la que es necesario tomar nota. Además, la ex autoridad, directamente o mediante sus familiares, asegura que su candidatura ganará en Pando, a pesar de que diferentes encuestas entregan tendencias (sólo tendencias) de que el MAS conseguirá la victoria electoral en aquel departamento del norte.

Además, infiltrados o no militantes, en nombre del partido de gobierno, hay quienes hacen campaña en contra de candidatos uninominales porque consideran, en el mejor de los casos, que los “invitados” que ahora postulan a la ALP, en la nómina oficialista, nada garantizan a los gobernantes. Sin embargo, es necesario anotar que entre los candidatos a diputados uninominales hay conocidos ex dirigentes de movimientos sociales los que, debido a faltas graves cometidas por ellos y que se las conoce, su presencia entre los electores es ya una propaganda política en contra suya y de la candidatura oficialista.

Como sostiene un estudioso francés, aquellos ejemplos demuestran que la propaganda política —facilitada por los medios de difusión— contiene una buena dosis de mentiras.

No obstante, esas mentiras no han conseguido ni conseguirán modificar sustancialmente la tendencia favorable al Presidente de la República que, si se confirma, será reelegido para un nuevo período gubernamental de cinco años. Hablamos de tendencias que las elecciones confirmarán o desmentirán. No obstante, hasta donde se conoce nadie, con alguna responsabilidad en lo que dice, ha puesto en duda la victoria de Evo Morales en la primera vuelta.

Y si el Presidente boliviano gana con dos tercios se abrirá la posibilidad de que los cambios sigan por un cauce menos difícil; con oposición, pero con un respaldo popular que se espera evite concesiones de los gobernantes a la derecha, como ha sucedido en diferentes momentos durante los últimos cuatro años.

Los que creen que los dos tercios de los votantes, de respaldo al actual Presidente, inducirían a que éste se comporte autoritario o que impedirán el debate en la ALP, cabe reiterar en esta nota lo que candidatos a ese órgano de poder han respondido, y con solvencia. En el nuevo parlamento boliviano no se aplicará el rodillo, se dialogará con la oposición y los legítimos derechos de aquélla serán respetados. Sobre las tentaciones autoritarias del Presidente, sólo se divulgan supuestos nada creíbles, pero se espera que haya control social respecto del primer ciudadano del país.

Sin embargo, sobre la democracia actual es imprescindible decir que ésta es todavía limitada, sólo representativa (y sólo en ciernes participativa), para decirlo en el lenguaje de moda. Democracia que amplía la participación política de los movimientos sociales, de campesinos e indígenas, especialmente. En la sociedad boliviana, esa democracia cuenta con las bases iniciales como para que sobre esa realidad material se levanten nuevas relaciones sociales. En materia económica esa democracia es sobre todo mezquina: ahora todos podemos ir al mercado, con los mismos derechos, pero con diferenciada capacidad de compra. En el ámbito de la cultura se advierten los cambios, pero todavía es insuficiente el recorrido registrado en ese terreno.

Lo esencial es considerar que la actual democracia no es del pueblo, con el pueblo y para el pueblo. Empero, deben materializarse todos los cambios en la actual democracia que apunten a esa otra que, provisionalmente, se puede denominar democracia del pueblo o de las masas. Al fin de cuentas la democracia es una forma de dominación y esta forma de dominación vigente es la que tiene que modificarse sustancialmente. Los cambios que caracterizan a la transición que vivimos o que protagonizamos implican, también, alteraciones positivas de la democracia en funciones. Por ello, la democracia actual tiene que ser ampliada por la fuerza del pueblo y por la acción del gobierno hasta que se consiga la otra democracia que postulamos. Y ésta será articulada con menos sobresaltos si la victoria electoral de Evo, el 6 de diciembre, es con dos tercios y si aquélla se manifiesta, sin modificaciones negativas, en la ALP.

Lo que decimos de la actual democracia se puede extender a las nuevas leyes que serán elaboradas y aprobadas en base a la nueva Constitución Política. Sólo un ejemplo, esta nueva Carta Magna aprueba como derechos individuales y colectivos: informar, comunicar, opinar e interpretar, en tanto que la Ley de Imprenta únicamente establece el derecho de opinión. Esos cuatro derechos tienen que ser parte de una nueva ley y seguramente de un reglamento.

Se organizará, también, un nuevo Estado, aunque éste sólo puede articularse en las condiciones de nuevas relaciones económicas, las que no aparecen por ninguna esquina del país. Además, para la formación de ese nuevo Estado, es imprescindible resolver la “cuestión fundamental” de toda revolución, es decir, que los trabajadores y el pueblo tomen o conquisten todo el poder. (Este tema requiere un desarrollo mayor que irá en otra nota de los sábados).

Esas nuevas realidades sociopolíticas generarán nuevas fuerzas armadas, otra policía, nuevos y distintos organismos de seguridad del nuevo Estado. Será imprescindible avanzar hacia ellos. En este tiempo, todas las reformas que se introduzcan en los institutos armados existentes son absolutamente necesarias.

En Bolivia tienen que sustituirse las actuales formas de producción, es decir, el actual capitalismo dependiente y atrasado (el que todavía opera bajo imposición imperial), al que el Presidente de la República, con razón, responsabiliza de nuestros males. A otra forma de producir corresponderá otra manera de repartir la riqueza nacional, sin duda alguna.

Para conseguir aquellas metas gigantescas, el 6 de diciembre debemos evitar el voto cruzado y buscar la victoria de Evo Morales, con dos tercios, lo que será un acto esencialmente democrático para que sigan los cambios, para defenderlos, consolidarlos y profundizarlos.

Las elecciones, ahora, son la principal forma de la lucha del pueblo para reproducir el poder o para construirlo y para que la transición boliviana continúe sin extravíos.

Paz, 21 de noviembre de 2009.

*Periodista