Zarlet

La pluma vietnamita
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El 4 de junio de 2012, los bolivianxs perdimos la inocencia. Es decir, nos pasaba como aquél que en sus fueros internos sabe que tiene algo muy grave pero no quiere reconocer que se muere, hasta que le hacen una tomografía y lo confirman. Para nosotrxs, la desaparición de Zarlet fue el diagnóstico definitivo que nos hizo, por fin, darnos cuenta que nuestro país es un enfermo grave. Porque fuimos pasando por alto el que aparecieran personas muertas en cualquier calle, pensábamos que eran víctimas de ajustes de cuentas de las mafias y, como no era con nosotrxs, sólo lanzábamos un comentario de estupefación e íbamos a lo nuestro; tampoco pensamos que fuera algo importante como para tomar cartas en el asunto, cuando nos enterábamos que asaltaban a la gente por Sopocachi, dándoles una paliza, sólo para robarles el celular. Y así, una larga retahíla de pequeños síntomas que sólo certificaban la putrefacción de nuestra sociedad, hasta que se la llevaron y con ella a otras chicas más: Rosmery, María Elena, Patricia, Jessica, Candelaria... En un claro proceder de las mafias que tratan con personas, en este caso, mujeres de corta edad que entran en el circuito de la prostitución en cualquier país del mundo (aunque, íntimamente deseo que sea fruto de una rebeldía adolescente). Sostengo que es imposible que esta red de tráfico -en el caso hipotético de que lo sea- no tenga cómplices en la policía, en los juzgados, entre los políticos, entre la gente de poder, tal como ocurre en México. Y sí, en uno de los múltiples foros de mi red social, alguien puso este comentario, que lo único que hizo, fue confirmar mis sospechas: "...la policía sabe donde están. Ayer en la vigilia, una madre, victima de secuestro, que recuperó a su hija, dio nombres de fiscales y proxenetas, además de policías que saben dónde están las niñas. Ella recuperó a su hija porque la niña se lanzó de un segundo piso y aunque se rompió dos costillas, consiguió escapar. La madre continuó con la demanda, y los fiscales, jueces y policía, le ofrecieron 10 000 dólares, de parte de los proxenetas, para que no siga con la demanda. Por último, la policía la amenaza de muerte todos los días, si sigue levantando polvo...

Estamos ante la juarización de nuestro país y ya no habrá paz, ésta vez, para las familias, no para los malvados. A no ser que nos unamos en un movimiento a nivel nacional, para presionar a los encargados de protegernos, para que detengamos esta ignominia, antes de que el mal sea irreversible.

Creo que el purgatorio de los padres/madres es la muerte de un hijo/a y el verdadero infierno cuando están desaparecidxs y no sabes dónde están. Imposible no empatizar con los familiares de estas chicas. Lo haría siempre, pero ahora, mucho más puesto que tienen las edades de mis hijas...

Recuperemos al enfermo, nuestro país. Una terapia de choque es la única salida. Es decir, ¿nos alineamos con la justicia comunitaria y la llevamos a cabo con nuestras propias manos? ¿O pedimos al gobierno que ejerza y tome cartas en el asunto? No sé cuál es la opción válida... Espero que alguien lo sepa.